Mushin no Shin (2)

Mushin no Shin

Varios años después de haber escrito una primera explicación de lo que significa Mushin no Shin (concepto que da nombre a nuestro centro), hemos decidido añadir una segunda parte a esta entrada de nuestro blog.

De forma tradicional, la transmisión de este tipo de ideas se lleva a cabo a través de imágenes y no mediante explicaciones formales. Ya lo dice la primera frase del Dao de Jing: “El Dao que puede ser nombrado no es el Dao verdadero”, indicando así que cualquier explicación siempre será inexacta e incompleta. Por supuesto, por esa razón este mismo texto lo es.

A lo largo del tiempo hemos recopilado varias ideas que representan bien el concepto de Mushin (No-Mente o No-Intención) y nos gustaría que las conocierais.

El concepto Mushin no Shin en imágenes

el río separa o une

Imaginad un río que fluye y delimita dos terrenos.
Pregunta: ¿el río separa los terrenos o les sirve de unión? ¿Quizá ambas?
El río sólo fluye. Sólo cumple con su naturaleza. De la misma forma que a lo largo de su curso arrastra materiales y erosiona piedras, la unión o separación de los terrenos es simplemente un resultado secundario de lo que el río es y de lo que hace por su naturaleza. No tiene intención de arrastrar, destruir, unir o de separar.

imagen de un boto con niebla

Imaginad un bote a la deriva en medio de un banco de niebla.
Un segundo bote tripulado por un barquero que escucha al primer bote, pero desconoce que a éste no lo guía ningún barquero y que, intentando esquivar al primer bote, termina embistiéndolo.
Pregunta: ¿El choque se produce por culpa del barquero que abandonó el primer bote? ¿por la falta de pericia del barquero? ¿A causa de la niebla o de la marea? ¿quizá todas a la vez?
La marea, la niebla y los botes no tienen ningún tipo de intención ni de voluntad. La única intención presente en este caso es la del barquero que cuanto más se esfuerza en evitar el choque, más lo propicia.

Espada - Mushin

Imaginad un corte de espada.
Existe una práctica llamada Tameshi-giri que consiste en practicar el corte sobre objetos como cañas de bambú o rollos de paja.
Pregunta: ¿Un corte deficiente se debe a un error en el practicante, a un defecto en la espada o quizá a ambas?
La naturaleza de la espada (su camino) es la de cortar, pero en sí no tienen ninguna intención. Es la mente y la intención del practicante la que no deja manifestar a la espada su naturaleza, imponiéndola su voluntad. Así se producen cortes deficientes o peor aún, cortes con malicia. Esa agresión se ejerce tanto contra el objeto cortado como contra el autor del corte. Por eso, la práctica más avanzada de la espada es aquella en la que el corte nunca llega a producirse. Por favor no confundáis la acción de no cortar con el no-corte.

Paschimottansana - Yoga

Imaginad un Asana de Yoga. El practicante mantiene su atención en una indicación específica para las piernas, mientras que pierde atención sobre una indicación específica para los brazos, sobre el alineamiento de su columna y sobre su respiración.
Pregunta: ¿En qué parte concreta del cuerpo o acción específica es más importante centrar la atención?
Centrar la atención implica la imposición de la voluntad sobre una parte del cuerpo. Así, convertimos a esa parte en prisionera de la mente y a la mente prisionera de esa parte. Los años de práctica no buscan el férreo control tiránico del cuerpo, sino, más bien, la liberación de la esclavitud de la mente y el cuerpo. De hecho, la práctica más avanzada aparece cuando, finalmente, se abandona la forma del asana para poder centrarse en la no forma de la misma. De nuevo, al igual que con el ejemplo de la espada, no confundáis la no-forma del Asana con un Asana sin forma.

Ahora imaginaos buscando un objeto que ha caído en una laguna con la superficie agitada y el fondo turbio por el lodo. Imaginaos frunciendo el ceño y sacudiendo el agua esperando frenar las ondas de su superficie y asentar el fango de la profundidad. La acción intencionada sólo genera más turbulencias, aún cuando intentemos parar el agua con suavidad infinita.

Y finalmente, imaginad que la superficie de la laguna es vuestro cuerpo, que el fondo turbio es el conjunto de vuestra mente y vuestras emociones y que el objeto que buscáis es a vosotros mismos. Cuanto más esfuerzo invertimos en esa búsqueda más la dificultáis.

Volviendo a la concepción original que os ofrecíamos años atrás, “La luna no tiene intención de proyectar su sombra, ni el estanque se propone albergar la luna”. El deseo de ver claro este reflejo es la razón por la que la luna termina reflejándose en superficies de agua turbulentas.

La verdadera victoria, la victoria sobre uno mismo

aikido la verdadera victoria

Existe en aikido un lema (que no es propiedad única de este arte marcial) que dice: “La verdadera victoria, la victoria sobre uno mismo”. En retrospectiva esta es una de las grandes motivadoras de mi trayectoria marcial personal, aunque no haya sido consciente de ello la mayor parte del tiempo. Esta visión no siempre se ha transmitido en relación al mundo de las artes marciales como una de las “ventajas de la práctica”. Cuando iniciamos a los niños, tenemos la intención de que adquieran ciertas capacidades: Educación y etiqueta, constancia y perseverancia, determinación y valor, fuerza y flexibilidad…

Por esta razón, en mi opinión, absolutamente honesta y que comento sin intención de desdeñar otras visiones que otros pueden tener de estas disciplinas, siempre me ha parecido compleja la relación entre artes marciales y competición. Quizá sea porque personalmente nunca gané (o incluso participé en) una competición importante, o porque muchos de los que lo hicieron siendo muy jóvenes abandonaron el estudio del arte marcial seguros de que ya habían conseguido todo lo que el arte marcial podía proporcionarles. Muchos de ellos han retomado, felizmente, la práctica veinte años después. Sin embargo, han dejado por el camino veinte largos años de posibilidades.

No puedo presumir de conocer el mundo oriental moderno (posiblemente tampoco el antiguo), pero es muy posible que, como occidentales, le hayamos dado un gran valor a la competición y a la victoria sobre otros. Tanto que a veces abandonamos el Camino (que en japonés se traduce como “Do” y en chino como “Dào” o “Tao”) para conseguir la victoria. Grandes maestros como el fundador del Judo («el camino de lo suave»), Jigoro Kano, defendieron la competición como método de aprendizaje, pero también advirtieron de los riesgos de modificar el camino para conseguir una victoria momentánea sobre otra persona.

Las artes marciales tradicionales han enseñado siempre que la victoria no se impone sobre otros, sino sobre sus debilidades y que, para vencer las debilidades de otros, primero hay que reconocerlas y vencerlas en uno mismo. El propio Miyamoto Musashi escribía: “La victoria de hoy es sobre tu yo de ayer, la de mañana será sobre un hombre inferior”. Lo que no es, sino una versión previa del mismo lema en Aikido: La verdadera victoria, la victoria sobre uno mismo. Sin embargo, vivimos en el mundo de la competición y el culto a la victoria sobre otros, o incluso el mundo de la victoria sobre uno mismo en un sentido muy distinto del que nos muestran los caminos más tradicionales. Nunca se ha tratado de conseguir más victorias en torneos, ni de conseguir correr y nadar más distancia en menos tiempo o de hacer más repeticiones de flexiones y abdominales que el día anterior (por mucho que nos tienta y que nos guste la recompensa que esto nos produce; el que lo ha probado sabe de qué hablo).

La victoria sobre otro es una victoria, pero puede considerarse una forma muy baja de victoria.

Una victoria en la que mejoramos una marca o conseguimos un mejor resultado que otro anterior puede ser una forma ligeramente más elevada de victoria.

Pero la victoria más alta es aquella que nos hace cambiar nuestra vida dentro y fuera de un tatami o un lugar de práctica.

Las artes marciales siempre han intentado vencer algunos comportamientos del ego que, sin embargo, fomentamos con cada una de esas otras pequeñas victorias (que siguen siendo tipos distintos de victorias). Nuestras dudas y certezas, miedos y valentías, seguridades e inseguridades, deseos de victoria y aversión a la derrota, de mostrar lo que sabemos o de ocultar lo que desconocemos son aquello que se propone buscar honestamente dentro de cada uno, para poder transformar a través de nuestras actividades. Y puede que ésta sea la verdadera victoria. Aquella que nos cambia y que termina por cambiar un poco el mundo que nos rodea por medio de nuestra propia transformación. Mientras tanto, no hay victoria: Hay conflicto y competición.

En mi experiencia propia, tras muchos años de práctica, las artes marciales (y muchas otras disciplinas) no actúan añadiendo, como esperamos que suceda con los niños cuando se inician en la práctica, sino más bien restando. Restando en el mismo sentido que puliendo. Personalmente me encanta pensar en un bloque de piedra que poco a poco se talla con el martillo y el cincel, o de forma más tradicional y en palabras del fundador del Aikido Morihei Ueshiba: “El hierro está lleno de impurezas que lo debilitan. Mediante el fuego de la forja, se convierte en acero afilado. El ser humano se desarrolla de igual manera”.

Es muy posible que esta sea la vía (Camino-Do-Tao) de las artes marciales: Luchar sin luchar, vencer sin vencer, hacer sin hacer, la espada que no es espada y la mente que no es mente . Esta última se traduce como Mushin No Shin, y es de donde tomamos prestado el nombre para nuestro centro.

Referencias: Caligrafía «Masa katsu a gatsu gatsu hayabi»: «La verdadera victoria, la victoria sobre uno mismo, aquí y ahora» del fundador del Aikido Morihei Ueshiba.

Ikigai o el arte de levantarse por las mañanas

ikigai

Ikigai es un concepto japonés que significa “Una razón para levantarse por la mañana”, esto es, una razón para disfrutar la vida. Cada uno tiene su propio ikigai, pero encontrarlo requiere un esfuerzo de búsqueda profundo y sincero dentro de uno mismo y cuyo descubrimiento aporta satisfacción y significado a la vida.

El término “ikigai” se compone de dos caracteres: iki y kai. Iki se refiere a la vida y kai significa aproximadamente “la realización de lo que uno espera y por lo que tiene esperanza”.

Ikigai es la razón del valor de la vida de cada uno, o las cosas que la hacen más valiosa, pero también son las circunstancias mentales y espirituales bajo las cuales los individuos sienten sus vidas más plenas. Esto no depende de una situación económica o de una situación global de las cosas. Incluso en los días más oscuros, alguien con un objetivo claro, puede sentir Ikigai.

El estado de Ikigai no se genera simplemente por la ejecución de acciones forzadas, sino que aparece de acciones naturales y espontaneas que fluyen cuando las motivaciones de cada uno se unen a sus capacidades, preferencias y necesidades del mundo que lo rodean.

Cada día escuchamos o incluso repetimos que los tiempos que atravesamos son difíciles y seguramente, mirando atrás en la historia nunca hayan existido tiempos fáciles, aunque muchas veces queramos creerlo así. Sería lícito preguntarse: Con estos tiempos en los que vivimos llenos de necesidades básicas que poco a poco cuesta más cubrir ¿quién puede permitirse pensar en el Ikigai?

Pero una pregunta más útil y constructiva sería: ¿Cuándo ha sido más útil y necesario?

Si nuestros tiempos nos parecen difíciles, pensemos en la isla de Okinawa de donde surge esta idea (curiosamente de esta misma isla surge el Karate-Do… ¡que grandes legados los de los habitantes esta isla!) atravesando guerras ancestrales, la invasión japonesa y la terrible y violenta ocupación posterior, otra tremenda invasión durante la II guerra mundial y años de ocupación Americana con hambre y todo tipo de sufrimientos derivados de la guerra.

Incluso en estos tiempos tenemos que buscar nuestra “razón para levantarnos cada mañana”. La razón que nos ayude a sobrellevar el peso del día a día, vivir las dificultades, los desatinos y las complicaciones que nos impone el mundo de hoy en día y aun así sentir que nuestras vidas no son algo vacío y que aportamos algo al mundo que nos rodea.

Nuestro centro, surgió de esta misma idea de ikigai, aunque entonces no le poníamos este nombre. A pesar de las aparentes dificultades nos propusimos materializar nuestra idea de aportar y mejorar el mundo que nos rodea convirtiendo en nuestra actividad diaria aquello que nos gusta hacer y que a su vez, hemos estudiado durante años sin que tuviera un objetivo aparente. Así cuando aplicamos agujas intentamos ayudar a sobreponernos a nuestras dificultades físicas y nuestras restricciones psicológicas o emocionales, como los miedos, frustraciones o tristezas, para que éstos no se interpongan en nuestra búsqueda y desarrollo del ikigai. También cuando practicamos asanas escuchamos los mensajes que envía nuestro cuerpo y que no somos capaces de escuchar durante el ruido diario de agitación externa e interna y nos permite poco a poco descubrir nuestras capacidades y desarrollar una flexibilidad tanto física como mental.

Traducciones:

  • That Which you love = Aquello que amas
  • That which the world needs = Aquello que el mundo necesita
  • That Which You are good at= Aquello en lo que eres Bueno
  • That which you can be paid for = Aquello por lo que puedes cobrar
  • Passion = Pasión
  • Mission = Misión
  • Profession = Profesión
  • Vocation = Vocación

Sobre Ayurveda

Ayurveda es una ciencia centrada en el ser humano.

Con raíces en distintas filosofías –Samkhya, Vaisesika, Nyaya, Yoga; Vedanta…–, tiene una visión holística o integrativa de lo que nos ocurre. Se entiende que todo el Universo está creado por la Unión de los mismos elementos en mayor o menor medida y, como tal, debemos vivir en coherencia con ello. Estos elementos son cinco: espacio o éter, aire, fuego, agua y tierra. Y todos ellos cuentan con unas características particulares. Desde este punto de vista, cada parte de la naturaleza tendrá un mix de estos 5 elementos.

Las tres constituciones humanas

Obviamente, esta concepción no deja de lado al ser humano. Así que, con esta base, Ayurveda reúne estos 5 elementos en 3 constituciones humanas: una es Vata, dominada por el espacio y el aire; otra es Pitta, cuyos elementos son el fuego y el agua; y por último, Kapha, formada de agua y tierra.

Teniendo en cuenta esta clasificación, cada persona contará con una constitución predominante en función de los elementos que en mayor medida se encuentren en su organismo. Y os preguntaréis, ¿cómo se sabe eso? Para ello el profesional de Ayurveda te hará una entrevista donde se irá desgranando cada característica específica de esa persona, preguntando desde la calidad y la forma de tus digestiones, hasta tu apetito, pasando por cómo es tu sueño, tu comportamiento… Asimismo tendrás que contarle tus rutinas: alimentarias, vitales, mentales, etc., ya que todo ello configura tu ser.

Por lo tanto, cuando hablamos de que Ayurveda es una ciencia unipersonal significa que no todo sirve para cualquier persona, porque cada individuo tiene una configuración distinta. Eso sí, existen patrones para cada constitución pero cada uno tendrá su propio porcentaje.

¿Qué ocurre cuando tenemos un desequilibrio, una patología?

Como hemos comentado, nuestra constitución está sujeta a varios aspectos y no va a cambiar. Tendremos la misma durante toda nuestra vida, ya que depende de las constituciones de nuestros padres –del estado en el que se encontraran en el momento de la concepción–, del embarazo de nuestra madre, del lugar y época del año en que naciera…

En función de eso tendremos unas características que no varían salvo modificaciones fisiológicas, tales como un embarazo, la menopausia, etc. Esto nos va a consignar ciertas potencialidades. De hecho, tendremos más predisposición hacia un tipo de desequilibrios que hacia otros. Por lo tanto conocer nuestra constitución es necesario para que podamos lograr la armonía.

Y, ¿cómo lograr la armonía?

TODO está afectado por el principio de los 5 elementos. Por lo tanto, en Ayurveda tenemos «clasificado» todo: cada alimento, mineral, hierba, actividad, pensamiento, estaciones del año, clima… Así que para buscar el equilibrio tendremos que atender no solo a nuestra constitución, sino a qué comemos, qué pensamientos tenemos, qué actividades realizamos, en qué época del año estamos, cómo está el mundo que nos rodea… En base a eso tendremos que ir regulándolo. ¡Pero hay cosas que no controlamos! Claro, pero muchas otras sí.

Ayurveda se basa en alimentación, los pensamientos y la actividad o rutinas. En función de cómo hagamos esto, tendremos un estado actual que llamamos vikruti. Y lo ideal es que este sea igual a la constitución, de tal forma que ajustemos esa nutrición y rutinas a tu constitución de base en función de la estación del año. Pero si esa Constitución y el estado actual no son iguales, existe un desequilibrio que debemos solventar.

¿Sólo con los alimentos podemos equilibrarnos?

Dependerá del grado de desequilibrio que exista. Por ejemplo, imagina una persona que como constitución tiene vata-pitta, es decir, predomina vata (V) como principal dosha y después pitta (P) domina sobre kapha (K). Entonces tendrá más cantidad de elementos espacio y aire, menos de fuego y agua y poco de tierra. Eso le va a dar unas condiciones y una predisposición a ciertos desequilibrios. Esta persona tendrá que alimentarse con comida que regule vata y pitta, su actividad se debería ajustar a esta constitución y debería trabajar sobre sus emociones para regularlas y calmar ese VP. Y en las distintas estaciones del año, al variar las condiciones climáticas, debería ajustar todo: en verano tendrá que controlar mucho más su VP que en primavera.

Sin embargo, imagina que esa persona no atiende a esa estación del año: es verano, el calor y la sequedad aumentan en Madrid (P y V aumentan), pero como le encanta la comida picante la come igual que en invierno (aumentando su V y P) y además está pasando un periodo en el que emocionalmente se siente preocupado puesto que quizá se quede sin trabajo (aumenta V). Eso le hace entrar en un estado de frustración, ira, enfado hacia su empresa y jefe (aumentan V y P). Está claro que esta persona tiene un desequilibrio de VP, que es su constitución. Si no hace nada al respecto, inicialmente empezará a tener síntomas, posiblemente no claros para una persona sin conocimiento de ayurveda. Podría empezar a sentir que, aunque duerma, sus sueños son más agitados o que duerme menos horas; o que su apetito es más irregular y tiende a comer con más ansiedad. Todo ello indica que está aumentando V y P. Si no se hace nada para frenar esa situación, tomando una dieta apropiada, con actividades que bajen su V y P, se empezará a agravar y lo que antes podría haberse controlado más fácilmente ahora se complicará. Un buen ejemplo de las consecuencias sería un problema de piel, lo que le llevará a recurrir a tratamientos más específicos para eliminar ese exceso del cuerpo.

Por lo tanto, para nosotros es importante ver esos síntomas más leves con el objetivo de afrontar en las primeras fases el desequilibrio. Lo que en un principio puede atajarse con un cambio en la alimentación, una toma de conciencia y cambios poco a poco en tu estilo de vida, puede convertirse en la necesidad de un tratamiento más intrusivo, más lento e incluso en ocasiones crónico.

Mushin no Shin

lago y luna - Mushin

No te pierdas este artículo en el que explicamos el concepto de Mushin no Shin, aquel que da nombre a nuestro centro.

“La luna no tiene intención de proyectar su sombra, ni el estanque se propone albergar la luna. ¡Qué serena está el agua de Hirosawa”

Poema imperial japonés

Este es un poema imperial japonés que intenta explicar con imágenes el significado del concepto Mushin (japonés) o Bu Xin (chino). Se puede traducir como “No-Mente” o “No-Intención” y que en realidad es una abreviación de las palabras Mushin No Shin o “mente que no es mente”.

Kanji de Mushin
Kanji de Mushin.

Una de las muchas ideas que se esconden detrás del poema es observar cómo de forma natural, la luna se refleja en la superficie de la laguna y de qué manera ésta devuelve dicho reflejo. Si la superficie de la laguna está serena y en calma, el reflejo de la luna será una imagen fiel, clara y nítida. Por el contrario, si la superficie está agitada o turbia, el reflejo de la luna estará alterado por la acción de la laguna. Es decir, el estado de la laguna alterará su percepción del mundo y el reflejo que proyecte estará modificado por su estado de Acción / Intención / Mente.

Esta última imagen de agitación o suciedad es la representación del estado Shin (mente), mientras que la primera, en la que la laguna está calmada es la imagen del estado Mushin (No-mente).

Mushin no Shin en el mundo moderno

Claramente, en el mundo moderno –no importa ya, en general, si hablamos de Oriente u Occidente– nuestra mente está repleta de estímulos, acciones, necesidades e ideas en ebullición que causan una alteración en la percepción que tenemos de nuestro entorno. Ese concepto del mundo distorsionado se proyecta hacia los demás, influenciándolos y creando de ese modo un círculo vicioso.

Siendo conscientes de esta capacidad de influencia, debemos tomar la responsabilidad de tales proyecciones y conseguir que sean una elección propia y no el producto de una imposición de fuerzas o situaciones externas. El que nuestras acciones consoliden y reafirmen comportamientos positivos o negativos dependerá del estado en que dispongamos nuestra mente y nuestro estado emocional (Mushin o Shin respectivamente).

Por esa razón hemos elegido el concepto Mushin como nombre para nuestro Centro, porque nuestro objetivo es ser parte activa apaciguando las aguas del mundo moderno y las terapias y técnicas que practicamos son nuestras herramientas de elección en la persecución de tal objetivo.